Parece mentira con qué poquito me basta para sonreír a veces. Y qué pena que para hundirme necesite aún menos.
El otro día, con el asunto de
Isis y la manera en que mis
dos palabritas le cambiaron el mal humor en bueno casi sin proponérmelo, me di cuenta que no soy el único en alegrarse con poco. Ayer se me iluminó la cara cuando, al frenar en un paso de cebra para dejar cruzar a una chica, fue ella la que se paró del todo y me hizo a mí el gesto de que pasara, sin dejar de sonreírme. Y la alegría no se me fue hasta hoy.
Hoy, vuelta a los fantasmas de siempre.
Una de mis rarezas recién descubiertas es que tengo alergia primaveral, pero
sólo los años impares. Y este año toca.
Long story short: intento no medicarme, pero cuando se hace inevitable vienen los efectos secundarios: somnolencia. Me ha costado horrores levantarme esta mañana, y estoy todo el día medio zombi.
Empezando por ahí, está claro que
hoy es un mal día para dejar de fumar. O, como yo no fumo,
ni siquiera tendría que haber salido de la cama. Así, la dichosa herida, más de cuatro meses después de la operación,
no habría vuelto a sangrar. Una operación por una simple fístula o
quiste pilonidal, por cierto. Cuatro meses sin poder sentarme normalmente ni a ver la tele, ni a comer, ni a estudiar, ni a bloguear, ni a conducir (y al principio ni siquiera podía conducir). Cuatro meses sin atarme los zapatos, ya que me los pongo y me los quito sin deshacer el nudo. Cuatro meses sin poder tumbarme boca arriba para dormir (parece mentira, pero ya me he acostumbrado a no ponerme en esa postura ni mientras duermo), ni para ver la tele tampoco, ni para tomar el sol. Cuatro meses acudiendo prácticamente a diario (domingos y festivos incluidos) al ambulatorio a que me cure un ATS. Cuatro meses sin poder jugar con mi perro totalmente a gusto. Cuatro meses haciendo poco menos que yoga cada vez que quiero cortarme las uñas de los pies o incluso para ducharme (y ambas cosas sólo puedo hacerlas de uvas a peras). Y
cada mañana mi momento
all-bran se vuelve un suplicio esperando ver salir sangre donde no debiera haber ya nada. Sé que tiendo a exagerar y no estoy tan jodido como aparentan mis escritos, pero hay momentos que se convierte en una verdadera tortura psicológica.
Hoy no me apetece hacer nada. Sólo quisiera hablar con
ella, que hace días que no la veo por el
messenger. Además, me temo que está empezando a pasarme lo que tanto miedo me daba: el quiero y no puedo. O a lo mejor soy yo, que hoy lo veo todo negro.
Son las nueve, pero me voy a ir a la cama. Aprovechando que tengo sueño todo el día, voy a intentar evadirme. Meter la cabeza debajo de la tierra, como las avestruces, y dejar que pase el peligro.
Sólo quiero dejar pasar el tiempo, y que mis fantasmas se aburran y me dejen tranquilo.
Sólo quiero que todo esto acabe. Para siempre.